Papeles, cartones, desechos… Algunos de ellos son navideños; algunos de ellos son –o fueron- juguetes.
Al
fondo, reclinada sobre algunos escombros y bastante porquería, descansa una
Muñeca Bailarina. Rubia, brillante y resplandeciente; ni la basura ni su
sonrisa logran ocultar la profundidad de su mirada.
La
Muñeca se incorpora y, de forma automática, baila.
Silencio.
Y
primera, y segunda, y tercera… Ballerina
nace en torno a la lucha de un personaje por escapar a su destino. Todas y
todos hemos sido como esta muñeca bailarina, atados al ritmo repetitivo de
aquello que nos hace ser lo que somos.
Pero un día, con suerte, descubrimos algo más.
Como un triciclo roto.
Como el rock.
O como el globo que nos permite cambiar las cosas y asumir el
vuelo hacia lo que nos hará diferentes, más libres.
Y quizá también más felices.
Esta es la historia de Ballerina, la más querida de las muñecas,
que un día, como todos los juguetes, se ve arrojada entre las basuras. Así que
podríamos pensar que esta es la historia de un final. Solo que, como todo
final, Ballerina descubre que el suyo como muñeca bailarina puede ser también
un comienzo… de algo desconocido y que da un poco de miedo, pero a lo que le
será difícil resistirse. Porque todo final es también un principio.
La creatividad, el juego, la búsqueda de mundos imaginarios, lo
mismo que la creación de historias, obedecen a un impulso de superación que
llamamos resiliencia. Utilizando técnicas de teatro gestual, Ballerina es una muestra de cómo, a
pesar del miedo, tenemos no ya la necesidad sino la responsabilidad de seguir
volando.
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